—No podemos hacer eso, hija. A ti te dejarán salir, pero a mí no —Sus ojos fueron de mi rostro al de mi padre, inconsciente en el suelo. Al verlo sangrar, no fui capaz de sentir nada, ni tristeza, ni culpa. Nada.
Su pecho subía y bajaba lentamente, lo que indicaba que estaba vivo.
«Ojala se hubiera muerto con el golpe» pensé.
Agrandé los ojos al darme cuenta de mis pensamientos.
No debería pensar de esa manera. Era incorrecto, pero… No podía evitarlo.
¿Y si… Lo golpeaba otra vez tal vez