Esos ojos grises, que parecían arder en el mismísimo inframundo, me veían con intensidad.
Estaba ahí, frente a mí, mi esposo. Y no parecía para nada contento.
Detrás de él, habían al menos cinco camionetas negras de las cuales bajaron una innumerable cantidad de hombres armados.
Esto era… ¿Una emboscada?
—¿Escapar de mí, Kiara? Yo estaba preocupado por ti —Avanzó a paso rápido, plantándose frente a mí, tomando mi cintura con sus grandes manos. Noté la firmeza de sus yemas en mi piel—. Pensé