Hice que Alexander se disculpara por algo que no era su responsabilidad, no la mía.
Él no se detuvo al salir del salón principal, siguió caminando, cruzando el vestíbulo, directo hacía la salida del hotel. ¿A dónde íbamos?
Mi rostro se reflejó en la puerta al salir y pude notar lo horrible que me veía. Mis pies se detuvieron al instante, detallando a la mujer que me devolvía la mirada.
—Kiara, ¿qué pasa? —preguntó Alexander, pero no fui capaz de responderle.
Mi vista estaba fija en mi