Una vez que nos pusimos nuestra ropa de dormir, Kiara se metió en la cama, pero yo no. No me iba a dormir ahora. Necesitaba hablar urgentemente con mi hermano.
—¿No te vas a acostar conmigo? —dijo Kiara, metiéndose bajo las sábanas blancas. Se mantuvo sentada, observándome.
Nos estábamos acostando verdaderamente tarde. Estábamos más cerca de la mañana que de la noche, pero con todos los eventos que sucedieron, era sorprendente que no hubiese amanecido. Además, nos tomamos nuestro tiempo en