Luego de permanecer dormida durante un par de horas, Aline abrió los ojos y parpadeó en un par de ocasiones, entonces su mirada se reflejó en unas orbes aceitunadas.
—¿Cómo estás? —una dulce voz cuestionó.
Aline permaneció atenta a aquella mirada que de pronto le pareció algo melancólica, cálida, sincera, que le produjo una sensación de quietud.
—Yo te conozco —expresó y sonrió sin poder evitarlo.
Aquella joven mujer ladeó los labios y correspondió a su sonrisa.
—Así es —respondió con la dulzu