Dos días después.
Farah sostenía entre sus brazos a Lis, ambas lucían un bañador, para poder ingresar a la piscina, justo cuando la abuela de la pequeña ingresó las piernas a la alberca, Lisette abrió los ojos con fuerza y se aferró a ella.
—Vamos a investigar si el agua está calentita —Farah mencionó con cariño.
En ese momento Lis comenzó a gritar con fuerza y desesperación.
—¡No, agua no! —exclamó con agitación, mientras las lágrimas empezaron a escurrir, sobre sus mejillas a borbotones.
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