Maicol
Esperaba, al menos, un mensaje anoche. No me importa que me hablara de esa manera; de hecho, me pareció divertido. Voy a sacarla de ese lugar. Algo en ella me dice que no pertenece a ese infierno. Y no puedo sacarme de la cabeza esos ojos... ojos de luna.
—¡Papá! —la voz emocionada de mi princesa interrumpió mis pensamientos mientras corría hacia mí, agitando una hoja de papel en alto.
Detrás de ella, vi a mi hermana Emma bajarse del auto con gesto exasperado. Claramente, ya no puede sopo