—¡No! No te había reconocido… ¿Cuánto tiempo ha pasado? —intenté sonar tranquila, aunque por dentro el corazón me latía como un tambor de guerra.
—No esperaba encontrarte en un lugar como este… —Jorge dejó que el silencio se colara entre sus palabras como una amenaza contenida—. Hasta que te vi coqueteando con uno de los míos. Tendrás que disculparme, pero necesito revisarte. Date la vuelta.
Su voz fue un latigazo seco. La frialdad en sus ojos era la misma de antes, pero ahora venía acompañada d