Khloe
—Laia, revisa bien... Tenía el celular aquí, justo a mi lado. ¿Cómo es posible que haya desaparecido? —murmuré mientras removía frenéticamente las sábanas. Estaba segura de que Dori lo había dejado en la cama.
—Aquí no hay nada, Khloe —respondió ella, ya cansada de buscar.
Suspiré frustrada, dejándome caer sobre el colchón—. Es inútil. Olvídalo... Tendré que llamar a Dori.
Justo entonces, la puerta se abrió. Un hombre entró sin avisar. Miré a Laia, confundida.
—Señorita, mucho gusto... —em