4. Los hombres no cambian
VALENTINE.
Zoe me observa con reproche a través de la pantalla y yo me siento como una niña pequeña regañada, si mamá estuviera viva y supiera de esto, me habría visto de la misma manera que mi mejor amiga.
—¡¿Perdiste la cabeza, Valentine Baker?! —Grita y yo me encojo de hombros, restándole importancia y eso la enfurece más y aumenta mi diversión—. ¡Definitivamente la perdiste! ¡No decía enserio que te acercaras al demonio ese por dinero!
Empiezo a reírme a carcajadas