3. Un hombre no vale tanto como para que una mujer sufra por ellos
ELIJAH.
—Hola, Elijah —musita y veo sus ojos brillar con emoción—. ¿Cómo te fue hoy en la empresa?
Ignoro su pregunta y examino su rostro, evaluando si los daños de terminar esto serán muy grandes.
—¿Sobre qué quieres conversar conmigo, Julia? —Pregunto, yendo directo al grano. No quiero alargar esta conversación más de lo estrictamente necesario.
Juguetea con su bolso con nerviosismo y sonrío con amargura, se lo advertí y no me