69. Te estás escondiendo
Anabell
El silencio de la casa de mi padre siempre había sido tranquilo. Reconfortante, incluso. Pero hoy tiene algo distinto, algo que me aprieta el pecho como si cada pared estuviera recordándome todo lo que he perdido en las últimas semanas.
Estoy sentada en la mesa del comedor con el portátil abierto frente a mí y el teléfono al lado, revisando por tercera vez los correos que llegaron durante la mañana. Afuera, el letrero de “SE VENDE” se balancea suavemente con el viento, visible desde la