32. Estás conmigo
Anabell
El restaurante es más íntimo de lo que esperaba.
No hay música alta ni mesas abarrotadas, sino una iluminación cálida, tenue, que hace que todo se sienta más… personal. Demasiado personal, quizá. Las velas en el centro de la mesa proyectan sombras suaves sobre el mantel blanco cuando el camarero termina de servir los platos y se retira con una sonrisa discreta.
Me siento rígida en la silla durante los primeros segundos, con la espalda recta y las manos juntas sobre el regazo, como si es