30. Quiere conocerte
El silencio de la casa es espeso.
No es calma.
Es tensión.
Anabel está de pie frente a mí, con el celular en la mano, los brazos cruzados, la mandíbula rígida. No necesito que me diga nada para saber qué está viendo. Lo veo reflejado en sus ojos.
—Mel acaba de mandarme esto —dice al fin, y me extiende el teléfono.
La pantalla muestra la foto.
Nosotros dos.
Afuera del hotel.
Discutiendo.
Mi mano en su brazo.
Su rostro tenso.
Mi expresión dura.
El titular es un golpe directo al estómago.
¿Problem