CAPÍTULO 3

—¿Qué? ¿Me estás diciendo que Dave te hizo eso? —preguntó Rosie con la ira grabada en el rostro. Arianna era como una hermana para ella y no iba a tolerar que nadie se metiera con su hermana de esa manera.

Arianna suspiró suavemente. —Sí, hermana, pero eso fue solo el comienzo de mi loca noche de San Valentín.

Rosie, que había estado de pie todo el tiempo, se acercó y se sentó junto a ella en la cama.

—De verdad lo siento, Aria, esto es en parte culpa mía. Siempre te animé con ese imbécil porque pensé que te daría el futuro que te mereces, por favor perdóname —le suplicó.

—No, por favor no te disculpes, Rosie, no fue tu culpa, yo fui la que insistió en las cosas con Dave. Olvídate de él; déjame contarte qué más pasó anoche. No me lo vas a creer —masculló Arianna mientras los recuerdos inundaban su mente como una ola.

Rosie se sentó prestando total atención para saber qué más había tenido que pasar su amiga. Si ese imbécil había intentado lastimarla de alguna otra manera, se las vería con ella sin piedad. Arianna se incorporó y respiró hondo; su mejor amiga sin duda se molestaría al escuchar esto.

—Bueno... Después de lo que pasó con Dave, decidí ir al club de siempre y tomarme unas cuantas botellas para aliviar el dolor que sentía. Conocí a un tipo guapo en la barra y fue algo así como mi compañero de tragos por ese momento, nos tomamos unas cuantas botellas, luego una cosa llevó a la otra y terminamos intimando, pero te juro que no tenía idea de lo que estaba haciendo, cuando desperté esta mañana, él ya se había ido —dijo, intentando no parecer culpable.

—¿Qué? ¿Tuviste una aventura de una noche con un extraño? —exclamó Rosie. —¿Por qué tenías que emborracharte tanto, Aria? —preguntó y se enderezó de inmediato.

Arianna bajó la mirada sintiéndose avergonzada de lo que había hecho. Habría preferido mantenerlo en secreto, pero Rosie no era alguien a quien ocultarle las cosas, solo se tenían la una a la otra en esta gran ciudad, así que estaría mal traicionar su confianza.

—Dime... ¿tomó alguna precaución para evitar un embarazo? Porque eso es lo último que necesitas ahora mismo —preguntó Rosie.

Arianna se quedó en silencio; no sabía cómo responder a esa pregunta porque apenas podía recordar lo que pasó esa noche. Lo único que sabía era que habían tenido sexo.

—No sabría decírtelo con certeza, hermana, estaba muy borracha, así que no recuerdo si llevaba alguna protección.

Rosie gruñó y se cubrió la cara con la palma de la mano mientras miraba hacia la puerta, luego se volvió hacia su amiga y exhaló con una mirada de decepción.

—No puedo creer que hayas cometido semejante error, Aria, hay tantos lobos allá afuera buscando chicas inocentes para convertirlas en sus presas, y has caído víctima de uno de ellos. ¿Por qué fuiste tan descuidada? —la regañó.

—Lo siento, hermana, te prometo que no volveré a beber, me olvidaré de los hombres y me concentraré en mi futuro a partir de ahora —aseguró Arianna. Aunque Rosie solo era un año mayor que ella, la trataba como a una hermana mayor.

—Está bien, Aria, ya cometiste el error, solo ten más cuidado en el futuro —le aconsejó, y Arianna asintió.

—Entonces, ¿podrías reconocer al hombre si lo vuelves a ver? —preguntó Rosie.

—Sí, creo que sí. Tenía un corte de cabello peinado hacia un lado, ojos grises y también era alto —describió.

—Mmm... su descripción no encaja con nadie que yo conozca, pero tenlo en mente por si nos topamos con él en el futuro, y entonces le enseñaré a no tratar a las mujeres con falta de respeto. ¿Cómo pudo simplemente levantarse e irse así? Como si fueras una especie de puta —ladró Rosie.

—Olvida eso, hermana, ¿hay algo de comida aquí? Me muero de hambre —exclamó Arianna.

—Por supuesto, bebiste tanto anoche que es normal que te estés muriendo de hambre. Ve a la cocina, preparé pasta —le informó Rosie.

Arianna saltó de la cama de inmediato. —Un millón de gracias, hermana, me salvaste la vida. —Abrazó a Rosie y corrió hacia la cocina.

Rosie sacudió la cabeza y se sentó en la cama. Se preguntaba cómo su mejor amiga lograría lidiar con la nueva situación, y con respecto a ese tal Dave, le daría una lección si alguna vez volvía a ponerle los ojos encima. Por ahora, haría hasta lo imposible para asegurarse de que su amiga saliera adelante de esto.

---Tres semanas después---

Arianna y Rosie estaban sentadas en el comedor, cenando. Daban buena cuenta de un gran plato de hamburguesas. Rosie intentaba mantenerla alegre, ya que últimamente su amiga había estado muy desanimada.

—¿De verdad hizo eso? —preguntó Arianna entre risas. No podía creer lo que Rosie acababa de contarle.

Rosie se rió entre dientes. —Sí, era un completo idiota —soltó.

Le estaba contando a Arianna sobre un tipo que la había invitado a subir a su auto, justo cuando otro hombre salió y lo abofeteó por llevarse el auto sin permiso; resulta que el primer tipo no era el dueño original del auto, era solo un mensajero y decidió cortejar a las chicas fingiendo que el auto era suyo.

—¡Pobre hombre, debió ser tan vergonzoso! —dijo Arianna, mostrando compasión por el sujeto.

—Si crees que eso fue vergonzoso, entonces tal vez deberías escuchar lo que le hice después de que su jefe se fuera con el auto —dijo Rosie con una sonrisa pícara en el rostro.

Arianna ni siquiera necesitaba escucharlo, sabía perfectamente de qué era capaz su mejor amiga. El pobre hombre debió pasar un día terrible por su culpa. Al menos aprendió la lección: no debería presumir de lo que no le pertenece en el futuro y debería ganar dinero antes de andar persiguiendo mujeres.

—Hermana... eso no fue justo, al menos pudiste haber tenido piedad de él e ignorarlo, sabes que es el futuro esposo de alguien —respondió Aria y luego se rió.

—Jajaja, no me importa, y te lo tomas con calma, que comes como un caballo últimamente —se rió Rosie.

Justo en ese momento, Aria sintió una sensación extraña y se cubrió la mano con la palma; al minuto siguiente, se levantó y corrió hacia el baño.

Rosie se preguntó qué podría estar pasando con su amiga. Un minuto después, Aria regresó limpiándose la boca con una mueca de disgusto en el rostro.

—Arianna, ¿estás bien? —le preguntó.

Aria asintió. —Sí, solo me sentí un poco extraña —respondió.

Se sentó de nuevo y tomó los restos de su hamburguesa, pero en el momento en que el olor le llegó a la nariz, se levantó y corrió de regreso al baño. Ahora Rosie estaba preocupada, se levantó y la siguió; llegó al baño y encontró a Aria vomitando en el inodoro.

—¿Qué pasa, Aria? —preguntó con una expresión de preocupación en su rostro.

Arianna se levantó y se golpeó el pecho suavemente tres veces, intentando regular su respiración ya que estaba agitada.

—No lo sé, Rosie, llevo dos días sintiendo náuseas y mucho cansancio, pero los vómitos como tal empezaron esta noche. Me siento fatal —respondió.

Rosie la miró fijamente con ojos inquisitivos, examinando su cuerpo. Esperaba que sus temores no se hubieran hecho realidad.

—¿Tienes los senos hinchados por casualidad?

Arianna estalló en carcajadas con las pocas fuerzas que le quedaban tras escuchar esa pregunta; a ella le pareció graciosísimo, pero a su mejor amiga no.

—¿De qué te ríes? Solo respóndeme o lo veré por mí misma —dijo Rosie con seriedad mientras se cruzaba de brazos.

—Relájate, hermana, no es lo que estás pensando.

—¿Ah, sí? ¿Y cómo estás tan segura de eso? ¿Te ha bajado la regla este mes? —preguntó Rosie con el rostro serio.

—No... Pero el mes aún no ha terminado —añadió rápidamente.

Rosie se acercó a ella y examinó su cuerpo, le tocó los senos y se le desencajó la mandíbula por la sorpresa.

—¡Oh, dios mío, Aria, estás embarazada! —anunció.

Arianna movió la cabeza negándolo, todavía riéndose de la reacción de su mejor amiga.

—¡No! No estoy embarazada, hermana, te equivocas. Probablemente sea un resfriado, una gripe o algo parecido, créeme —argumentó.

—Muy bien, ¿qué tal si mañana vamos al hospital para un chequeo? De esa manera sabremos qué te pasa realmente en lugar de estar adivinando —sugirió Rosie con el pecho erguido.

—Está bien entonces, no tengo ningún problema con eso —respondió Arianna y se tapó la nariz.

Aunque no quería admitirlo, no le gustaba la idea de ir a un hospital. Cada vez que iba, solo regresaba con malas noticias, y ahora empezaba a tener miedo.

¿Y si las sospechas de Rosie eran correctas?

¡No, no puede ser, más vale que no lo sea!

¡Continuará!

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP