Mundo ficciónIniciar sesiónArianna se detuvo frente al edificio más alto que jamás había visto. En la azotea se leía una enorme inscripción: "Stark Enterprises and Technologies". Al lado del nombre de la compañía, pudo ver el gran retrato del padre de su hijo, quien lucía una amplia sonrisa.
—Hmm... Vaya que es guapo —murmuró Arianna para sí misma de manera inconsciente.
Tras quedarse allí parada por un momento, sacudió la cabeza y dio un paso al frente. Cruzó la puerta de cristal, que se abrió automáticamente antes de que pudiera alcanzarla, y avanzó hacia el mostrador de recepción.
La joven que la atendió era extranjera; Arianna no lograba descifrar de qué país, pero estaba segura de que la recepcionista no era de aquí. La mujer la miró con el rostro completamente serio, desprovisto de cualquier emoción.
Arianna le sonrió. —Buenos días —saludó sin pensarlo mucho. Había salido de casa alrededor de las once y media de la mañana, así que no tenía idea de si todavía se consideraba mañana o si ya había pasado el mediodía.
—Bienvenida a Stark Enterprises, señora, ¿en qué puedo ayudarla? —preguntó la mujer de tez pálida con total frialdad.
Arianna se preguntó si aquella mujer no sabría sonreír. Se supone que una recepcionista debe recibir a los visitantes con una sonrisa en el rostro, no con una actitud tan hosca. Si la recepcionista era así, ¿qué se podía esperar del jefe?
—Este... Me gustaría ver al señor Stark Oliver Gomez —solicitó cortésmente.
La recepcionista la escaneó de pies a cabeza. Su mirada se detuvo un instante en el vientre abultado de Arianna y luego volvió a mirarla a los ojos.
—Señora, ¿tiene alguna cita con el director ejecutivo? —cuestionó la recepcionista, clavando sus ojos en ella.
—No... pero es muy importante que lo vea —respondió Arianna. Ya se había temido que esta situación se presentaría; nadie entra como si nada a una gran empresa exigiendo ver al director ejecutivo, pero no se iba a rendir tan fácilmente.
—En ese caso, lo lamento mucho, señora, pero no puede ver al director ejecutivo. Primero debe programar una cita, le ruego que me disculpe —respondió la mujer pálida.
—Por favor, intente comprender, esto es realmente importante. Tengo que verlo de inmediato —insistió Arianna.
—Señora, aquí tenemos reglas y normas que seguir, y no puedo romperlas o me arriesgaría a perder mi empleo. Por favor entiéndalo, solo los clientes que tienen una cita o una invitación del jefe pueden pasar a verlo.
Arianna supo que haría falta algo más que eso para convencerla, así que decidió probar un enfoque diferente, esperando que lograra ablandar a la recepcionista para que la dejara ver a Oliver.
—Escúcheme, se lo ruego de mujer a mujer. Como puede ver, estoy avanzada en mi embarazo, y el bebé que llevo en mi vientre no es de nadie más que de su jefe. Él me dejó embarazada y desde entonces me ha estado evitando. Los hombres nos tratan como si fuéramos objetos que pueden usar y desechar, y me niego a aceptar eso. Si hoy me prohíbe pasar a ver a su jefe, se estará haciendo cómplice de esta injusticia. Sé que teme perder su trabajo y lo entiendo, pero no tiene nada que temer; a la gente buena no le pasan cosas malas. Le prometo que no la van a despedir si hace esto por mí.
Arianna miró fijamente a la recepcionista extranjera y notó que sus palabras empezaban a conmoverla, pero aún le faltaba dar el último empujón para convencerla del todo.
—Señora, entiendo perfectamente su punto. Como mujer, también me duele que el sexo opuesto nos trate de esa manera, y más tratándose de un multimillonario como el señor Oliver, pero no puedo hacer lo que me pide. Se supone que no debo revelar esto, pero en realidad usted no es la primera mujer que viene aquí con una acusación similar. Hay muy poca o nula justicia en este mundo, y no hay nada que podamos hacer al respecto más que resignarnos a la dolorosa realidad.
Arianna se quedó perpleja ante la revelación de la mujer. ¿Así que el director ejecutivo había estado usando a otras chicas del mismo modo que lo hizo con ella? ¿Acaso era su pasatiempo habitual? Ahora estaba más decidida que nunca a hacerle pagar por esto. ¡Tenía unas ganas inmensas de gritarle en la cara y decirle de todo!
—No... eso está mal. Podemos cambiar el mundo si empezamos a dar estos pequeños pasos. Si es lo suficientemente amable como para dejarme ver a su jefe, ya estaremos marcando una diferencia. Créame cuando le digo que no se va a arrepentir para nada.
Arianna continuó suplicándole a la recepcionista hasta que, en cierto momento, la mujer sintió tanta lástima por ella que no pudo negarse más. Estaba dispuesta a afrontar las consecuencias, incluso si eso significaba perder su empleo.
—De acuerdo, solo hago esto por los derechos de las mujeres y por ese hijo que viene en camino. Tiene razón, ya es hora de que alcemos la voz contra semejantes injusticias. Tome el ascensor que está a su derecha, suba al quinto piso y es la primera oficina. Ese es el despacho del director ejecutivo.
Arianna se alegró enormemente al recibir la información. Se dirigió a toda prisa al ascensor antes de que la recepcionista pudiera arrepentirse. Salió en el quinto piso y llamó a la primera puerta. Pasó un minuto antes de escuchar aquella voz que le permitía pasar. Habían transcurrido seis meses y, aun así, reconoció esa voz al instante.
Arianna abrió la puerta y entró, quedando cara a cara con el padre de su hijo: el multimillonario director ejecutivo de Stark Enterprises. Vestía un traje italiano de tres mil dólares, con su corbata larga perfectamente impecable.
Arianna observó su rostro; él la miraba fijamente, como si no tuviera la menor idea de quién era ella.
—¿Hola? ¿Se ha equivocado de lugar? —preguntó Oliver con mirada inquisitiva.
—No... Estoy en el lugar correcto —respondió Arianna tajantemente. Tenía muchísimo que decirle a este hombre.
¡Continuará!







