-¿Y tú... me dirías cómo curarlo?
Elliot asintió con lentitud. La miró con una mezcla de ternura y tristeza.
Había algo en su mirada que hablaba de amor, de cuidado, de resignación.
-Ya que estamos aquí -dijo con voz suave-, pregúntame lo que quieras. Te contaré todo.
Rubí no perdió tiempo.
-¿De verdad se puede curar la enfermedad de Marcus?
Esa era la única pregunta que importaba. La que le apretaba el pecho.
Elliot se quedó en silencio durante varios segundos. Finalmente, asintió con seriedad