El lugar era amplio y estaba bien organizado. En una esquina, Zoey estaba atada a una silla, aunque no con demasiada fuerza, y el ambiente no tenía olores desagradables. Todo indicaba que, pese a su situación, aún desconfiaban de Tobias. Él la había criado como a su propia hija, y aunque Zoey había cometido muchos errores, Rubí había dado órdenes estrictas de no maltratarla.
Al verla, Calissa dijo con calma:
—Gavin, espera afuera con Stephen. Quiero hablar con ella a solas.
Gavin dudó, pero Ste