Rubí se puso de pie, se volvió levemente hacia Calissa, hizo una reverencia solemne y dijo:
—A partir de hoy, quiero llamarte Madre y también respetarte como tal. Espero poder aprender de ti para ser una buena esposa.
—Bueno, eres una chica inteligente. Es una suerte que Marcus se haya casado contigo —respondió Calissa con una sonrisa.
Entonces, pensativa, rápidamente se quitó un brazalete de jade de su brazo y se lo colocó en la muñeca a Rubí. Luego, tomando su mano, miró a Rubí con sinceridad