Rubí recordó de repente lo que Marcus le había dicho la noche anterior.
En ese instante, una voz en su cabeza le trajo una revelación. Se giró con decisión, miró a Sabrina y afirmó con seguridad:
—No lo hará.
Sabrina, sorprendida por la firmeza en la voz de su hija, la observó con asombro.
—¿Por qué estás tan segura de eso? —preguntó, desconcertada.
—Conozco a Marcus —respondió Rubí con convicción—. Especialmente si soy yo quien se lo explica antes de que me lo pregunte. Sé que no se enojará. No te preocupes, mamá.
Sabrina notó la sinceridad en su tono. No era una frase dicha solo para consolarla. Con un suspiro de alivio, asintió suavemente.
Conversaron un poco más antes de que Sabrina se retirara.
Después de una breve siesta, Rubí despertó, tomó su móvil y revisó las noticias.
Poco a poco, su expresión fue cambiando.
Algo había sucedido.
Williams Fast Food estaba en crisis.
Dos clientes que habían comido allí se sintieron enfermos, y tres empleados de oficina que ordenaron comida pa