Tomaría tiempo volver a operar con normalidad.
Pero lo más urgente era estabilizar el servicio de reparto, para evitar un colapso total. Si las entregas se detenían, las consecuencias serían graves.
Rubí entendía que debía manejar todo con firmeza y rapidez.
No había margen para errores.
Pensó en alguien.
Justo cuando iba a llamar, su teléfono sonó. Era Marcus.
—¿Leíste las noticias? —preguntó Rubí apenas contestó, sin rodeos.
—Sí —respondió Marcus tras una breve pausa—. Las cosas se están complicando un poco.
Rubí no sonaba nerviosa. Le preguntó con calma:
—Entonces... ¿ya pensaste en una solución?
Marcus comprendió de inmediato.
Sonrió, dudó un instante y luego dijo:
—Si me estás preguntando eso... supongo que tú ya la tienes.
Rubí también sonrió, con determinación.
—Sí. Creo que solo él puede ayudarnos ahora.
—Estamos pensando en la misma persona, entonces —dijo Marcus.
Rubí había llegado rápidamente a la misma conclusión que él.
Una vez más, Marcus se dio cuenta de cuánto se parec