—¡Eso es suficiente! —la interrumpió Tobias—.
—Son dos temas diferentes. No queremos mezclarlos. Si haces eso ahora, Marcus pensaría que la familia York lo está tomando por tonto. Llevaré a Leonardo primero.
—Veamos cómo Marcus lo maneja.
Ahora que Tobias había hablado, Sabrina no se atrevió a refutarlo. Solo pudo asentir y decir:
—Está bien. Ya que lo has decidido, te escucharé.
Tobias y Sabrina tomaron caminos separados para encargarse de sus respectivas tareas. Sabrina llevó algunos bocadillos que le gustaron a Rubí y le pidió a Arnold que la llevara al hospital.
Al llegar, Rubí notó que Sabrina no parecía feliz. Le pareció extraño, así que preguntó:
—Mamá, ¿te ha pasado algo? ¿Por qué te ves tan triste?
Sabrina dejó escapar un largo suspiro y, con impotencia, respondió:
—Rubí, tu padre está llevando a Leonardo a la residencia de la familia Maxwell mientras hablamos para buscar el perdón.
—¿En serio? —Aunque Rubí parecía tranquila en la superficie, por dentro estaba sorprendida. Ma