—¿Y de qué sirve tu bendición ahora? —Marcia soltó una risa cargada de burla—. Pero ya que lo mencionas… deberías decirle a Erick que se case pronto conmigo. Como ya no sientes nada por él, ¿por qué no le dices que estás dispuesta a ser mi dama de honor? Ah, y de paso, dile que no te interesa ninguna parte de la herencia de los Gibson. ¿Qué opinas?
—Olvídalo —respondió Rubí con voz gélida, su rostro endurecido como una máscara de hielo.
Nada de lo que hiciera o dijera bastaría para satisfacer a