Marcus frunció el ceño, como si dudara antes de hablar.
—Siempre solía pensar que si tu estatus fuera un poco más alto, tal vez no tendríamos tantos problemas. Pero ahora que eres una princesa… no estoy tan seguro de que sea algo bueno.
Rubí lo miró divertida.
—¿Por qué?
Él suspiró.
—Eres la princesa, y tendrás que irte. No será tan fácil verte. Y… si te hago enojar en el futuro… ¿qué pasará conmigo?
Su tono medio serio, medio juguetón, la hizo reír. Rubí se acurrucó entre sus brazos y respondi