Aun conmovido, su sentido del deber lo obligó a mantenerse sereno.
Por eso fingió indiferencia, miró a la llorosa Sabrina con una mezcla de severidad y ternura, y dijo:
—¿Por qué lloras? Qué vergüenza sería para nuestra hija verte así. ¿Cuántos años tienes? Contrólate un poco.
Pero Sabrina, aun llorando, alcanzó a notar el brillo húmedo en los ojos de Tobías. Sabía que él también estaba profundamente afectado. Estaba feliz, emocionado y, al mismo tiempo, arrepentido.
Arrepentido de no haber rec