Tan pronto como Marcus entraba en la oficina, se transformaba en un completo adicto al trabajo. Comía allí mismo y rara vez se levantaba del escritorio. Dylan, por su parte, podía pasar todo el día en la sala de juegos construyendo figuras de Lego sin cansarse, incluso olvidando las comidas. Solo pensarlo resultaba agotador.
Dylan tenía un resfriado que requería medicación constante, y Rubí no podía evitar preocuparse de que los medicamentos le provocaran vómitos o malestar.
Esa idea la inquiet