—¿Qué tipo de accidente? —preguntó Rubí con urgencia.
Sabrina frunció ligeramente el ceño.
—Durante todo el embarazo estuve sana, pero dos días antes del parto comencé a sentir un fuerte dolor abdominal y empecé a sangrar, aunque la fuente no se rompió. Mi médico de cabecera no se atrevió a atenderme allí. Dijo que, por mi estado y por los riesgos, lo mejor era trasladarme al hospital para recibir atención completa. No había otra opción. Así que fuimos.
—¿Y qué pasó después? —preguntó Rubí, cad