Sus ojos la miraban con una mezcla de ternura y fingida melancolía, como si ella hubiera cometido una injusticia imperdonable. Rubí lo observó y, sin saber por qué, sintió una punzada de culpa. Después de todo, estaban casados y esperaban un hijo… ¿de qué podía avergonzarse?
Finalmente, murmuró con timidez:
—Entonces… está bien.
Marcus sonrió ampliamente, satisfecho. Su hermoso rostro se inclinó hacia ella, su voz baja y envolvente.
—Ven… bésame.
Rubí tragó saliva, asintió despacio y se inclinó