Tras colgar el teléfono, Rubí frunció el ceño en silencio. Toda la vivacidad que tenía antes se había desvanecido. Ahora se sentía incómoda e infeliz. Era un cambio total de actitud.
-¿Qué pasa? -preguntó Marcus al ver su mirada apagada.
Ella suspiró, impotente:
-No es nada. Solo... las cosas no son tan simples como creía. Me siento terrible, eso es todo-.
Marcus quedó atónito. Luego le acarició suavemente el cabello y, con un tono igual de indefenso, dijo:
-Bueno, si no lo logramos, quizás sea