Era... demasiado extraño.
Incluso si estuviera vacía por dentro, ¿cómo podía albergar a tres hombres robustos? Y más importante aún: ¿por qué entraban como si nada, sin detenerse, sin hablar, sin resistirse?
Y entonces, la voz de Elliot rompió el silencio, proveniente desde el interior:
-¡Rubí! ¡Date prisa! ¡Tienes que ver esto!
Su tono era una mezcla de emoción, asombro y duda.
Rubí se quedó inmóvil, aún más confundida.
¿Por qué no había salido él mismo a contar lo que vio?
¿Por qué había usad