GABRIEL DE LA VEGA
Ver a Isabella con esa mirada de confusión y decepción fue como recibir un golpe directo al alma. Todo dentro de mí se desmoronó en un instante. Me arrepentí amargamente de no haberle dicho la verdad desde el principio. Ahora, el imbécil de Arturo se la había contado, y quién sabe con qué deformación de los hechos. Tal vez me había pintado como un hombre cruel... y sí, lo fui. Pero estoy arrepentido, y ahora no hay marcha atrás.
La llamada de Silvina llegó como un puñal direc