ISABELLA RAMÍREZDespués de tanta insistencia por parte de Aleja, logré presentar el examen para la universidad en Madrid. Me dieron la beca y me permitieron llevarme a mi niña. Fue duro dejar a Ceci; le dije que podía ir con nosotras, pero ella no quería viajar, quería quedarse en México. Y aunque me rogó que no me fuera, yo quería otros planes para mí y para mi hija. Sin embargo, siempre la llamo y hacemos videollamadas.Ya en Madrid, me encuentro estudiando y trabajando en una cafetería, aunque ya pronto iniciaré mis prácticas y me pagarán mejor.—Mami, galleta —mi preciosa hija estaba enorme, ya tenía 3 añitos y era muy inteligente, ya hablaba y caminaba. Algo extraño, pero caminaba.—Sofi, ya comiste tres —esta me hace un puchero—. Está bien, te daré la última.—¿Con que aquí está la princesa Sofi? —don Alberto aparece con una gran sonrisa al ver a mi hija. Cuando lo conocí por primera vez, él no estaba muy seguro de contratarme, pero al ver a Sofi sintió una conexión con ella y
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