Aterricé en México. El vuelo se me hizo eterno; en mi cabeza solo estaba Isabella. Tengo miedo de perderla.
Tomé el auto que alquilé y de inmediato me dirigí a la dirección que me dio la señora Cecilia.
Entré en un barrio pobre; por un momento sentí miedo de que me asaltaran. ¿Aquí vivía Isabella? Me vino la imagen de Isabella embarazada caminando por estos lugares que se ven tan peligrosos.
Llegué a la dirección y, con algo de nervios, toqué la puerta. Esta se abrió dejando ver a una señora ma