GABRIEL DE LA VEGA
Ya teníamos todo listo.
El avión privado rugía suavemente mientras ascendía entre las nubes, y allí estábamos: Daniel, Alejandra, Sofi, Mariana... y mi esposa.
Mi hermosa esposa.
La misma que, aunque sigue molesta conmigo —y con razón—, me tiene hipnotizado con solo respirar.
Siento que algo le pesa, algo que no dice, y no quiero presionarla. No todavía.
—¿Ya nos vas a decir a dónde vamos? —pregunta Daniel, impaciente.
—Sí, papi, ¿a dónde vamos? —se suma Sofi, agitando las pi