GABRIEL DE LA VEGA
Me sentía molesto conmigo mismo; tenía rabia porque apareció el maldito ese Arturo para joderme la vida. Lo sé, Silvina ya pasó, ella volvió a hacer su vida; no puede condenarme toda la vida por eso.
—¿Hijo, todo bien? —mi padre me saca del trance en el que me encontraba.
—Sí, padre. Creo que eso es todo; de resto creo que sabes cómo funciona todo.
—Sabes, me siento contento de estar aquí —mi padre aún tiene mucha energía; no sé por qué decidió salir.
—Si aún te sientes con e