GABRIEL DE LA VEGA
Estaba más feliz que nunca, tengo sentimientos encontrados; por un lado estaba feliz porque Isabella aceptó ser mi esposa, pero por otro lado sentía miedo de perder esta tranquilidad que tengo. Aunque ya todo acabó, aún sentía como miedo.
—Mi amor —Isabella llama mi atención.
Ambos nos encontramos desnudos en la cama del castillo— ¿en qué piensas?
—En lo feliz que estoy en estos momentos —tomo su mano y dejo un beso en su anillo—. No veo la hora de casarnos.
—Tampoco quiero e