GABRIEL DE LA VEGA
No puedo creer que mi madre se haya atrevido a invitar al maldito de Arturo, no después de lo que hizo.
Empiezo a sentirme mal, ya que mi enojo lo descargué sobre Isabella. Ella no sabe nada.
Mi teléfono suena; es una llamada de mi padre. Quisiera no contestarle, pero decido hacerlo.
—Padre.
—Hijo, te llamaba para pedirte disculpas por lo de Arturo. No sabía que tu madre le había enviado una invitación. Sabes que si hubiera sido por mí, jamás lo habría invitado.
—Lo sé, padre