GABRIEL DE LA VEGA
Cuando escuché lo que esa mujer le dijo a Isabella, comencé a ver todo rojo. Sentía ira. ¿Cómo se atrevió a decirle bastarda a mi hija... MI HIJA?
—Gabriel, espera, no es necesario —Isabella iba detrás de mí rogando que no hiciera nada, pero ya no había vuelta atrás.
Veo a Daniel entrar por el ascensor y, al ver mi cara, supo que algo malo había pasado, ya que camina casi corriendo hasta donde estoy.
—¿Qué ocurrió?
—Déjame, tengo algo que hacer —le respondo frío mientras sigo