De vuelta en el restaurante, Alejandro observaba las fotografías en la pantalla.
Por primera vez desde que había llegado, una auténtica sensación de temor se instaló en su pecho. Frente a él, Jimena lo notó y sonrió.
No era una sonrisa agradable. Era la sonrisa de alguien que sabía que finalmente había acertado un golpe.
"Tienes cuarenta y ocho horas, Alex." Su voz fue tranquila mientras recogía su bolso. "Toma una decisión."
Alejandro no respondió.
Su atención permaneció fija en el teléfono, e