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En el momento en que apareció en la cámara, Daniela sintió que todo su cuerpo se ponía rígido.

Lucía caminó con confianza por el pasillo empujando una silla de ruedas, como si tuviera todo el derecho de estar allí, y entró en la habitación.

Unos minutos después, la puerta volvió a abrirse y todo a su alrededor pareció congelarse cuando Lucía salió primero, con una brillante sonrisa en el rostro mientras empujaba una silla de ruedas.

En la silla estaba Eleanor: despierta, saludable y muy viva.

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