Lamentablemente las cosas no estaban bien para Christopher, quien en esos momentos miraba con odio los vendajes que tenía en su brazo.
Le dolía la herida, pero lo que más le dolía era su orgullo herido, porque jamás pensó que un ser tan lamentable como ese se atreviera a apuntarle y dispararle.
- Todo esto es tu maldita culpa – gruño el pelinegro mirando a su amigo que estaba postrado en la cama de al lado.
- ¿Mi culpa? – repitió Adrián frunciendo el ceño.
- Si, dime ¿por qué carajos manejas ba