―Bien, ¿Por qué no vienes hoy al trabajo conmigo? ―Eir lo miró sorprendida. ―Vamos, sé que mueres de ganas por ir. ―Se burló. ―A mi asistente le encantaría conocer a la mujer que la ha amenazado en más de cinco ocasiones. ―Eir se sintió avergonzada, los celos y la posesión que siente no es natural, pues no tiene a su loba y no debería ser tan territorial.
―No juegues de esa manera. ―Mordió su labio. ―Todas te miran y quieren contigo, no puedes culparme. ―Vidar rio llamando su atención.
―A la ú