―¡Santo cielo! ―Una de las enfermeras que iba a investigar si todo estaba bien, vio a la mujer tirada en el suelo. ―Oye, ¿Estás bien? ―Se arrodilló para ayudarla, pero el cuerpo frío de la mujer la sorprendió, ¿Por qué está tan fría como si estuviera en un congelador? ―No puede ser. ―Se llevó la mano al pecho, no tiene pulso. ―¡Ayuda! ―Chilló poniéndose en pie.
―¿Qué sucede? ―Uno de los guardias que custodian el castillo se acercó a la mujer. ―¿Qué pasa? ―La miró con el ceño fruncido por como