Philips se quedó atónito, esperaba una interrupción con malas palabras y furia por llamarla cariño, pero jamás con una noticia como esa.
—¿Qué? —Preguntó dudoso de lo que escuchó.
—¡Estoy embarazada! —Gruñó, furiosa. —Tú lograste algo imposible, me has dado lo que más he anhelado y odi0 que haya sucedido. —Se secó las lágrimas. —Yo debería estar feliz e ilusionada, ¡No pensando si sentenciar a muerte al padre de mi hijo! —Philips se acercó a ella.
—Por favor... te lo suplico, cariño. —Le tom