—¡M... me corro! —Gritó justo al tiempo que los fluidos se dispararon desde su coño, interrumpidos por la invasión.
—Caraj0s. —Vidar al verse empapado no pudo contenerlo más y también se corrió, en lo más profundo de su coño. —Aaarrrggg. —Le gruñó al oído. —Qué delicia. —Se echó sobre su mujer atrapándola contra la cama y su cuerpo. —Esa idea de trabajar te la quitas de la cabeza, no permitiré que trabajes. —Cambió de opinión.
—Amor, quedamos en algo. —Lo miró enojas. —Llevaré una sucursal de la