―Él solo cuida de mí. ―Dijo con voz seca, disimulando lo mucho que le afecta verlo de esa manera. ―Por favor, suéltame, debo hacer cosas. ―Intentó soltarse, pero Philips no se dio por vencido.
―¿Por qué estás así conmigo? ―Se llevó la mano libre a la cabeza y peinó su cabello. ―¿Por qué es que me castigas de esta manera? ¡¿Qué caraj0s he hecho para que huyas de mí?!
―¡Todo empezó cuando llegaste tú! ―Gritó confesando lo que pasaba. ―Todas esas muertes de las personas que nos rodean, todos esos