Inicio / Mafia / Una Niñera Para El Mafioso / Capítulo 10 : Es Complicado
Capítulo 10 : Es Complicado

No pegué un ojo en toda la noche.

Cada vez que cerraba los ojos, mi mente volvía una y otra vez al despacho de Lorenzo De Luca.

Su voz, su mirada. La forma en que perdió el control y luego...

La cocina, el silencio, su cercanía y sus manos.

Apreté el rostro contra la almohada y solté un largo suspiro.

—¿Qué demonios fue eso...? —murmuré para mí misma.

No lograba entenderlo.

Primero me trató como si hubiera cruzado un límite imperdonable.

Después se disculpó con una sinceridad que no esperaba.

Y, cuando pensé que todo había terminado...

Terminó acorralándome en la cocina.

Cada vez que recordaba la forma en que me había mirado, una incómoda sensación recorría mi cuerpo.

Sacudí la cabeza.

"No"

No iba a darle más vueltas.

Lorenzo De Luca era mi jefe y nada más.

Lo ocurrido aquella noche había sido un momento extraño que ninguno de los dos volvería a mencionar.

Al menos, eso esperaba.

Giré la cabeza hacia el reloj de la mesita.

Las seis y diez.

Dormir ya no era una opción. Me levanté con pesadez y caminé hasta el baño.

Abrí la llave de la ducha y dejé que el agua caliente cayera sobre mi espalda.

Cerré los ojos.

Intenté relajarme, pero fue inútil.

Mi mente seguía empeñada en recordar la expresión de Lorenzo cuando se disculpó.

Había visto culpa en sus ojos.

Una culpa tan real que resultaba imposible fingirla y eso solo conseguía confundirme más.

Porque el hombre que había conocido durante las última semana siempre parecía tener el control de todo.

Ayer había visto a otra persona.

Cuarenta minutos después terminé de arreglarme. Elegí unos pantalones de tela color crema, una blusa azul claro de manga larga y recogí mi cabello en una coleta baja.

Respiré profundamente antes de salir de la habitación.

—Hoy será un día normal —me dije en voz baja.

Aunque ni yo misma me lo creía.

El pasillo permanecía en silencio. La mayoría del personal ya había comenzado sus labores.

Desde la planta baja llegaba el inconfundible aroma del café recién hecho y del pan horneado.

Seguí ese olor hasta el comedor.

Cuando crucé la puerta, Elisa fue la primera en verme.

—Buenos días, querida.

Le regalé una sonrisa.

—Buenos días.

Giulia apareció desde la cocina con una bandeja entre las manos.

—Justo a tiempo. El desayuno está listo.

—Huele delicioso.

—Como siempre —respondió con orgullo.

No pude evitar sonreír.

Aquellas dos mujeres tenían la extraña capacidad de hacer que la inmensa mansión se sintiera un poco más cálida.

—¡Soph!

Giré la cabeza justo a tiempo para ver a Noah correr hacia mí.

Se lanzó a abrazarme con tanta fuerza que casi perdió el equilibrio.

Reí mientras lo abrazaba.

—Buenos días, campeón.

—Pensé que todavía estabas dormida.

—Lo intenté.

—¿Y ganaste?

Lo miré divertida.

—No precisamente.

Él soltó una risita.

—Yo sí dormí muy bien.

—Qué suerte la tuya.

Le acomodé un mechón de cabello que caía sobre su frente.

—¿Listo para otro día de aventuras?

Asintió con tanta energía que me contagió una sonrisa.

—Hoy quiero terminar el castillo que empezamos ayer.

—Entonces tendremos mucho trabajo.

—Muchísimo.

Su entusiasmo consiguió que, por unos instantes, olvidara todo lo ocurrido la noche anterior.

Hasta que una voz grave interrumpió el momento.

—Buenos días.

Sentí cómo mi espalda se tensaba de inmediato.

Conocía esa voz, demasiado bien.

Levanté la vista lentamente.

Lorenzo acababa de entrar al comedor.

Vestía un traje oscuro impecablemente planchado. La corbata estaba perfectamente ajustada y su expresión era tan serena que costaba creer que apenas unas horas antes hubiera perdido el control frente a mí.

Parecía otro hombre. Como si nada hubiera sucedido.

Nuestros ojos se encontraron apenas un instante. Solo uno.

Pero fue suficiente para que el aire pareciera más pesado. Él fue el primero en apartar la mirada.

—Madre.

Saludó con un leve movimiento de cabeza.

Luego hizo lo mismo con su padre, con su hermano e Isabella.

Finalmente volvió a mirarme.

—Señorita Collins.

Su tono era completamente profesional. Como si la noche anterior jamás hubiera existido.

Tragué saliva.

—Buenos días, señor De Luca.

Noah, ajeno a la tensión que flotaba entre nosotros, tomó mi mano con naturalidad.

—Soph prometió ayudarme a terminar el castillo.

Lorenzo dirigió la mirada hacia su hijo.

Y, por primera vez aquella mañana, las facciones de su rostro parecieron relajarse.

—¿Ah, sí?

—Sí. Esta vez será mucho más grande.

Una ligera sonrisa apareció en la comisura de los labios de Lorenzo.

Fue tan breve que cualquiera habría pensado que la imaginó.

Pero yo la vi.

Y, sin querer, recordé algo.

Aquella misma sonrisa había estado a punto de aparecer la noche anterior... justo antes de que todo se complicara.

Aparté la mirada de inmediato.

No, no iba a volver a pensar en eso. No otra vez.

Aunque, por alguna extraña razón sentía que sería un día largo para mí.

Después del desayuno subí a la habitación ayudar a Noah a terminar su castillo.

Llegó la hora de sus clases así que aproveché para ir a la cocina por un poco de limonada.

—Señorita Collins —Su voz hizo que me detuviera —. Puede venir un momento.

Me gire encontrándolo a un lado de la puerta de su despacho. Asentí y entré escuchando como cerraba la puerta detrás.

Pude escuchar sus pasos detenerse justo detrás de mí y puedo sentir su cercanía.

—Hay un tema el cuál considero tenemos que hablar...

—Señor, si se trata de lo de ano...

—Me refiero a sus días libres y su universidad —Finalmente me interrumpió —. Es un tema el cual no hemos conversado.

Su respuesta me tomó por sorpresa. Me esperaba cualquier cosa menos esa.

—¿Cuando retoman las clases en su universidad?

—A fin de mes señor. Pero solo debo ir un día presencial el resto me encargo de hacerlo a través de trabajos y módulos.

—¿Qué día sería ese?

—Los días martes señor.

—Bien —finalmente se colocó delante de mí—. Entonces estará libre los martes y miércoles para que así asista a sus clases y el día siguiente pueda descansar y mantenerse al día con sus tareas universitarias.

—Gracias señor.

Sus ojos me miraban fijamente. Se acercó a mí a pasos lentos. Esta vez no di un paso en lo absoluto.

—Respecto a lo sucedido anoche. No tengo ninguna intención de disculparme o hacer que no sucedió Sophie.

"Sophie"

Nuevamente mi nombre salió de sus labios de manera natural y cautivadora.

—No fue lo correcto— Susurre con dificultad —. Usted es mi jefe.

—¿Quién dice que no lo es?

Cuando estoy apunto de contestar unos toques en su puerta nos interrumpe. Me da una ultima mirada y suspira caminando hacia su escritorio tomando asiento en su silla.

—Adelante. —Termina respondiendo mientras me mira fijamente.

La puerta se abre y al girarme me encuentro con su hermano.

—Lamento interrumpir. No sabía que estaban reunidos.

—¿Qué sucede?

—Nada. Solo quería notificarte que todo salió respecto a lo planeado hermano.

—Muy bien.

—Me retiro señor. —Musitó tratando de darles privacidad.

—Desde esta tarde tiene salida señorita Collins —Volvió a su tono profesional —. La veo de regreso el día miércoles en la noche.

Asentí

—Con el permiso de ambos, me retiro.

Salí a toda prisa del despacho sintiendo por segunda vez como el aire regresaba a mis pulmones.

¿Qué m****a hace?

Con unas simples palabras puede descomponerme en cuestión de segundos y el parece saberlo.

Regrese a la habitación con Noah y este ya había terminado sus clases. Aproveché para leer un poco con él antes de despedirme.

—Noah. Tengo que irme.

Rápidamente sus ojos me buscaron y me miraron confundido.

—¿Por qué?

—Mis días de descanso. Pero regresaré el miércoles por la tarde.

—Serán días aburridos sin ti —Susurró —. ¿No puedo ir contigo?

—Está vez no. Pero te prometo que te llevaré a que conozcas a dónde vivo y sobre todo a Emily, mi mejor amiga.

—¿Trato? —Me extiende su mano.

—Trató.

Sonrío tomándosela y cerrando nuestro trato. No sabía cómo haría, pero de alguna forma le cumpliría la promesa que le acaba de hacer.

Termine de despedirme de él. Baje por mi pequeño bolso y antes de salir me encuentro con Mateo de Luca.

—¿Vas de salida? —Mira mi bolso.

—Si, señor. Estaba por buscar a uno de los choferes para que me acercara a mi casa.

—Lo de señor déjaselo a mi padre y hermano —Sonríe —. Solo dime Matteo y listo.

No puedo evitar reír ante sus palabras. Había cruzado muy pocas palabras con él, pero se veía agradable.

Tenía una espontaneidad igual que la de Isabella y su manera de ser es muy cálida aunque algo me dice que es más explosivo de lo que aparenta.

—Está bien Matteo.

—Mucho mejor —Sonríe —. Ya que voy de salida, puedo darte un aventón a tu casa.

—No quiero molestar, la verdad.

—No lo haces. Permíteme llevarte.

Arranca de mis manos mi pequeña maleta. Suspiro derrotada y sonrió asintiendo.

Salimos de la casa, me ayuda a subir a la camioneta donde uno de los choferes nos espera para abordar.

Le indico la dirección y al cabo de treinta minutos llegamos.

—Conocía muy poco esta parte de la ciudad —Musita mirando alrededor —. Se siente acogedora.

—Lo es.

—¿Te molesta que te acompañe arriba?

—No, adelante.

Entramos al edificio, recibiéndonos una cálida sonrisa.

—Buenas tardes señorita Sophie.

—Buenas tardes señor Ricci —Musitó con alegría —. Me alegra verlo nuevamente.

—Lo mismo digo yo señorita. Ya le hacía falta a este lugar su presencia.

Sonreí ante tu alago.

—Le presento a mi jefe el señor Matteo.

—Un gusto joven Matteo —Se retira su sombrero en señal de respeto —. A sus órdenes.

—El gusto es mío amable caballero.

Subimos el elevador hasta llegar a mi piso. Al salir sacó las llaves de mi bolso y la introduzco en la puerta abriéndola.

—Emily...

—¡Regresaste!

Su voz salió desde la cocina de donde aparece con la cara llena de lo que parece harina, un moño alto, pantalón de chándal y un top de tela también sucio.

Al notar la presencia de Matteo sus mejillas se ruborizan y Matteo la observa curioso.

—¿Tienes novio? —Es lo primero que musita —. ¿Por qué no me lo contaste?

—¿Qué? Claro que no. —Respondo rápidamente —. Es el Matteo, uno de mis jefes.

—Oh...—Es lo único que sale de sus labios.

Matteo toma la iniciativa acercándose a ella y extendiéndole su mano. Emily se la da y este la levanta de manera delicada dejando un beso en ella.

—Un placer Emily...Matteo de Luca para servirte.

El tono de voz de Matteo era completamente cautivador. El y Lorenzo eran hombres que no solo su físico envolvía , si no también la manera en que podía mirarte y hablarte.

Eran conquistadores de manera natural.

—Emily Carter.

—Enseguida vuelvo.

Camine con mi bolso hacia mi habitación dejándolo en el. Lo dejo sobre mi cama y suspiro al regresar a mi refugio.

"Ya me hacía falta"

Saque las cosas de mi bolso y las guardé en mi armario. Al salir observé a Matteo en la isla del desayunador con un vaso de jugo mientras del otro lado Emily le contaba algo que lo hacía reír.

Garraspeo llamando la atención de ambos. Matteo se levanta y se acerca.

—Debo seguir mi camino para cumplir con mis deberes. Fue un gusto conocer tu hogar Sophie.

—Gracias por todo Matteo.

—No hay de que —Deja un beso en mi mejilla —. Nos vemos el miércoles.

Se gira acercándose a Emily y dejando un beso en el dorso de su mano.

—Fue un placer conocerte. Espero verte seguido.

Camina hacia la salida. Lo acompaño y al salir cierro la puerta detrás de él. Me giro y Emily pega un grito completamente eufórica.

—¿Has visto eso? Las fotos en internet no le hacen justicia —Se acerca a mi —. ¡Es guapísimo!

—¿Puedes controlarte? —Caminó tomando asiento en el sofá —. Pareces una chiquilla eufórica.

—¿Cómo puedes trabajar con semejantes tentaciones? Porque también vi foto de su hermano y vaya que es guapísimo también.

A mi mente vienen los recuerdos de lo sucedido en la cocina y no puedo evitar sentir cierto cosquilleo.

—Sophie Collins —Me saca de mis pensamientos —. ¿Qué sucedió? Porque te conozco muy bien y no te ruborizas por nada.

—Es complicado...

—Escúpelo y déjate de rodeos.

—Creo que Lorenzo de Luca y yo cruzamos una línea que no debíamos...

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP