El tiempo funcionaba diferente en ese lugar místico en el que se encontraba. Mía no tenía idea, pero ella había sido una de las pocas afortunadas en conocer a la diosa luna en persona.
La diosa era caprichosa, no solía aparecérsele a sus criaturas, esas que había ayudado a crear con la ayuda de la primera bruja elemental, Isadora, quien también se había convertido en la condena para los lobos.
Sin embargo, había ciertos momentos en los que, muy a pesar de mantenerse al margen, debía intervenir