El tiempo corría en su contra, Mía no se quedaría para siempre en ese estado de sueño, pues los temblores de su cuerpo y la sangre que escapaba de su nariz sin que pudiesen hacer nada, les dejaba muy claro que debían tomar una decisión.
Dereck era el más reticente a hacerlo, y es que ¿cómo podría tolerar que el lobo que ha sido su enemigo declarado desde que puso un pie en ese lugar, ahora tenía que marcar a su destinada? La sola idea de pensar que le ponía las manos encima le revolvía el estóm