Damien intentaba aparentar serenidad, pero por dentro su mente se encontraba agitada. Veía de reojo cada cinco minutos a Dereck junto a Ewan con Mía en brazos, inconsciente y sin señales de que iba a despertar. De copiloto lo acompañaba Anton, pues no pretendía meterse en la casa del lobo solo como la vez anterior.
La tensión en ese auto era tan densa que un cuchillo podía haberla atravesado con facilidad. El paisaje se había convertido en una mancha borrosa, a Damien no le importó acelerar exc